viernes, 14 de julio de 2017

Paurito y Doris...

Un pequeño vídeo que cuenta algunas de las aventuras de la Hna. Doris en Paurito, Bolivia. Un espíritu libre en busca de hacer el bien siguiendo los pasos de nuestro Hermanito Carlos de Jesús...

Hacer click en la imagen para acceder al video

sábado, 1 de julio de 2017

Unión de Frères et Sours de Jésus...

“…. Hoy más que nunca me planteo la pregunta: ¿Qué es ser un amigo, un compañero, un hermano “menor” de Charles de Foucauld?
Ciertamente trabajó en toda libertad con el Espíritu santo y así permitió decir al Espíritu Santo, a través de él, algo del Corazón de Dios para los hombres de su tiempo y de hoy (ya se cumplió 100 años de su muerte en Tamanrasset). No se trata de dibujar hoy el retrato ideal del que podría ser un verdadero discípulo de Charles de Foucauld. Sino, más bien –a través de lo que auténticamente fue, de lo que dijo y vivió- se trata de intentar captar a que nos invita hoy, cual es la llamada que dirige a nuestro corazón y a nuestra vida.
Al mismo tiempo tenemos que mirar a Carlos de Foucauld en la Iglesia y en su historia, “existen varias moradas en la casa de mi Padre”


Nuestro hermano mayor se inscribe en la corriente que, a través de los siglos, privilegio el corazón, el deseo de amar y de querer amar, la vía primordial de unión con Dios (otra vía propone pasar primero por el intelecto).
Esta corriente tiene nombres: Francisco de Asís, Francisco de Sales, Ignacio, Hermanos y hermanas que son más Franciscanos e Ignacianos que dominicos….
Los hermanos y hermanas de Carlos son felices en esta corriente que se sigue sin quedarse fijos en una orilla de construcción rígida; su espiritualidad no tiene nada de cerrada, ni de perfeccionista. Es una corriente en la que uno es empujado y llevado por la libertad espiritual, en la que todos, ya sean casados o célibes, curas o laicos, religiosos de cualquier tipo, pueden expandirse en lpa dulzura y el ardor.

Para ellos, la UNION es una decisión y adhesión de corazón, en luminosa libertad, sin juramento ni firma obligados, sin devoción prescrita, sin virtud particular para practicar. Es una inmersión en el Evangelio de las Bienaventuranzas, que hace feliz, una inmersión brindada a todos los seres humanos, hermanos universales, hermanos de todos de Jesús…”
Jean – François Six

1 de diciembre de 2013

lunes, 12 de junio de 2017

Desbrozadores evangélicos, misioneros aislados....

Fragmento de la carta de J.F. Six a la UNION DE FRÈRES DE JÉSUS de 2016.

Charles, como Jesús estuvo durante tres años en Nazaret, allí él es un «desbrozador» que revuelve la tierra y trabaja para la siembra y la cosecha.
Charles quiso ser « salvador con Jesús », ese Jesús que vino a revelar al Padre a todos los hombres y le permitió de llegar a ser hijos con el Hijo, nuestro Hermano. Charles quiso llevar el Evangelio a través de una vocación de «desbrozador evangélico» que vivió a través de encuentros y de conversaciones cotidianas con todos, en la amistad y la fraternidad con cada uno, a través de su atención a cada circunstancia y acontecimiento para avanzar en y con el Espíritu. Los hermanos y hermanas « serán los amigos universales para ser los salvadores universales » (Directorio, art. 21)

Charles, como verdadero «desbrozador», se situaba al comienzo de la Misión, en la punta, aceptando estar solo a causa de esta tarea, en vanguardia, «misionero aislado»; vivió así la cumbre totalmente realizada de su vocación, abriendo este camino a hermanos y a hermanas que le seguirán.
Desbrozador, no se anonadó ni se escondió sino que cumplió el rudo trabajo de Nazaret, en plena acción en las pistas del desierto como en Tamanrasset o en el Asekrem, en relación ardiente con todos con los que se topaba en el camino o le iban a visitar.

Antes de morir como murió, deseó fuertemente que hubiera «muchas» vocaciones como la suya: «desbrozadores evangélicos misioneros aislados». 
Llamó a sus hermanos y hermanas jóvenes de la UNIÓN no para vivir en comunidades o en fraternidades, sino para a aventurarse, por el Evangelio, en tierra desconocida, empujados hacia afuera por su vocación.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Carlos de Foucauld, 100 años caminando tras Jesús en Nazaret...


Carlos de Foucauld es un eslabón fundamental en la espiritualidad y la teología de encarnación. Puso en el centro la esencia del Evangelio, Nazaret.


A pesar de su educación burguesa y gracias a la búsqueda apasionada de la Verdad, en la que le aguijonearon el testimonio de algunos musulmanes y un gran sacerdote con discernimiento de espíritus, Foucauld descubre que las complicadas devociones y las posturas teorizantes sólo sirven para enfriar corazones y dominar los más altos deseos. 

El Evangelio sin glosa, como Francisco, ese es el camino de Foucauld.
Incluso más allá: el Evangelio en sus fuentes, en donde se formó y se tejió; en donde fue adquiriendo sentido, propósito, palabras y afectos… en Nazaret. Al calor de una madre y un padre adoptivos. Aprendiendo el lenguaje de sus hermanos, y con él los sentimientos que expresa: dolor, alegría, esperanza, pan, perdón, odio, llanto, vida y muerte. Aprendiendo desde el silencio y en el último lugar porque sólo desde ahí se puede observar y entender todo. Nazaret, donde más tiempo pasó Nuestro Señor, con mucha diferencia. En el puesto más atrás de todos. Donde habitan los pobres. 

Y Dios siempre hace realidad nuestros deseos. 
Ellos son lo más real que tenemos. El Buen Dios le concedió a Carlos de Foucauld vivir en la ultimidad. En el servicio oculto. Entre los más pobres de los pobres. Cada vez más abajo, más descenso, todavía más. Hasta morir asesinado por los que más amó en su vida. Hasta morir sin nadie que compartiese su proyecto, a pesar de que había recibido una promesa abrahámica de ser padre de multitudes. A pesar.
Volver a Nazaret. Esa es la propuesta de Foucauld. No sólo para sí mismo. No sólo para los que -más tarde y gracias al P. Voillaume- seguirían sus huellas.

Nazaret es camino para toda la Iglesia.
Llamada a ser pobre y para los pobres. Nazaret significa dejar de poner nuestra confianza en los medios, en las técnicas pastorales y en los métodos, para abandonarnos: “Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras, sea lo sea. Lo acepto todo con tal que se haga tu voluntad y no la mía”.
Por eso el Señor nos está despojando de tanta falsa seguridad. Son bendiciones que nos permiten abrazarnos a la Cruz desnuda y al Santísimo Sacramento, el sacramento que sólo un pobre pudo haber imaginado: ¡El Salvador en apariencia de pan! Nuestro problema es que trivializamos estos hechos para que no nos escandalicen, ya que son absolutamente inasimilables para la mentalidad burguesa. 

Nazaret es volver a escuchar el Evangelio como si fuese la primera vez, pero de labios de los pobres, salido de sus manos. Sólo ellos lo entienden porque está moldeado por otro pobre, que siente y habla como ellos, que percibe, canta y llora como ellos. El pobre de Nazaret.