jueves, 22 de marzo de 2018

LA ORACIÓN SEGÚN NAZARET



Introducción
Quisiéramos proponer esta reflexión sobre nuestra manera de orar, sobre todo en los momentos de oración comunitaria; en efecto, hablando de este tema, tenemos la impresión de que en general, no hemos encontrado un estilo de oración que corresponda a lo que vivimos, siguiendo el modelo de Nazaret.
Es cierto que un aspecto heredado de la "tradición foucauldiana" nos ha acostumbrado a dejar un espacio importante al silencio como escucha meditativa, o como expresión privilegiada de la adoración eucarística.
Y nos preguntamos si estos aspectos dominantes no apagan otros aspectos, sin embargo, tan importantes en una forma de vida (y por lo tanto en una forma de orar) como es vivir el modelo de Nazaret.
También nos motiva a ello la lectura del trabajo de J.Mª. Recondo que describe el recorrido de René Voillaume en sus enseñanzas respecto a la oración.
No pretendemos más que una reflexión sobre estas cuestiones que tienen importancia y que no pueden simplemente considerarse como aspectos secundarios de la oración como si fueran cuestiones de forma.
Hasta podemos pensar que este aspecto ha podido desanimar a gente a sumarse a nosotros.
No se puede hablar en nombre de toda la familia del Hº. Carlos; solo que nos hemos reunido tres personas interesadas por el tema de la oración para llevar a cabo una reflexión conjunta.
Somos conscientes de las diversas sensibilidades dentro de la familia, y que no todos puedan sentirse interpelados por los aspectos que estamos evocando.
Según esta impresión, usamos estilos prestados a otros modelos de vida, como el monástico por ejemplo, con esquemas litúrgicos y ritmos (laudes, vísperas, etc.), tipo de peticiones de libro invariables, formulaciones litúrgicas hechas, uso de salmos que poco tienen que ver con nuestras situaciones actuales, o salmos que expresan actitudes y sentimientos hasta contrarios al mensaje evangélico.
Lo mismo se puede decir de la Eucaristía, con sus partes y textos estereotipados que no nos atrevemos a tocar; (muchas veces le toca al celebrante  "personalizar" la celebración y lo hace como puede, o no hace nada!).
Y con la adoración eucarística que poco cambió de expresión desde que empezó la corriente de espiritualidad que le dio la expresión que conocemos.
Todo esto manifiesta una actitud de pasividad frente a lo sagrado; la implicación entre lo que se ora y lo que es la vida no se hace explícita; la vida de los presentes no llega a traducirse en comunión, ni en celebración festiva.

Situar lo que es Nazaret
Sería bueno preguntarnos porque no hemos encontrado ni buscado un estilo propio de oración adaptado a lo que es vivir Nazaret hoy.
Nazaret es vivir en solidaridad con la gente pobre y corriente, como uno más, como un trabajador, un vecino, uno más en el barrio, en el pueblo, y de esta situación es donde arranca nuestra oración y ella nos conduce a la oración.
La expresión de esta oración debería ser concreta como lo es la vida. No se puede orar volviendo las espaldas a esta solidaridad concreta.
Dolores Aleixandre nos decía que la oración debe partir del humus del cotidiano: "con su opacidad y sus conflictos, con sus amenazas y contradicciones, con su brecha abierta también a una dimensión invisible pero presentida".
 
Qué clase de vida:
Vivir con la mirada consciente de lo que se vive, vivir con los ojos abiertos para ver lo que nos rodea, vivir las alegrías, y las esperanzas, estar atentos al sufrimiento y al dolor humano, (porque es allí donde está el encuentro con Jesús, como lo vemos tantas veces en el evangelio), y a sus causas, (a las que trabajamos para una liberación).
Algunas causas son naturales, como la enfermedad o los accidentes, pero otros males tienen como causas la injusticia, la desigualdad, procedentes de la dejadez de los políticos y muchas veces del cinismo de sistemas económicos deliberadamente injustos que benefician sólo a unos pocos, y que luego dejan tanta gente hundidos en las cadenas de la pobreza y marginación.
La vida de Nazaret nos lleva a toparnos con el sufrimiento que procede de la pobreza, o mejor dicho, de la injusticia; y nos preguntamos qué tiene que ver Dios en este sufrimiento y qué tiene que ver con nosotros este sufrimiento; necesitamos saber qué tenemos que hacer frente a este tipo de sufrimiento: por una parte está la responsabilidad nuestra frente a estas situaciones y luego está también la tarea de nuestra oración de intercesión, en cuanto que es la causa de Dios la que está en juego en estas situaciones.
En la oración de intercesión pedimos a Dios algo que queremos que ocurra por ser un bien muy necesario, absolutamente imprescindible, de cara a salvar la vida, algo que conocemos de cerca, para alguien, para personas con nombre y rostro, todo lo contrario de la generalización apática que no implica a nadie.
Es pedir a Dios ayuda, pedir algo que nos supera, que supera nuestras fuerzas, pedir para que tengamos el valor de levantarnos y para que nos impliquemos de la forma que realmente se necesite.
Este sería el movimiento de la solidaridad que se expresa en la oración de intercesión: un proceso de la implicación de todos, del que puede un poco, del que puede más... etc. y de Dios mismo.


Caminos de oración nazarena:
José Mª. Recondo en "El camino de la oración en René Voillaume”, recuerda muy bien cuál ha sido el camino recorrido por René Voillaume, las fraternidades y muchas otras personas para llegar a afirmar que "... la contemplación pertenece a la perfección de la vida cristiana a la cual todo bautizado ha sido llamado", y así proponerla a todo el pueblo cristiano, liberándola de los espacios en los cuales se había quedado encerrada y reservada. No habrán sido pocos los argumentos presentados para decir que no era posible tal pretensión; le debemos a J.Mª. Recondo el habernos recordado el camino recorrido.
¿Dónde estaba la novedad? ... "Lo que en el fondo hay aquí de nuevo, es esto: tomar la vida humana tal como es y decirse: este destino humano con la ley del trabajo- no ya el caso de personas que tienen espacios de ocio donde pueden introducir largos tiempos de oración silenciosa y apacible, y mucha lectura -, yo me refiero al destino del hombre sometido a la dura ley del trabajo, con todas las consecuencias de su destino, en pleno mundo, en el sentido más completo del termino; la vida de trabajo de cada hombre, como Jesús en Nazaret, esta vida de trabajo va a ser materia de una autentica perfección, y se va a infundir en ella un germen de vida de oración contemplativa"...
En la página 74-75, habla de los pobres, de los trabajadores: "por lo pronto, se padece el agotamiento con todas sus consecuencias... a esto se le suma el hecho de hallarse sumergido, normalmente, en medio de preocupaciones, sufrimientos, y en contacto con el pecado... el ser preso habitualmente de un ritmo enervante, característico de la vida moderna... y a menudo, el tiempo disponible es devorado por los demás... podemos preguntarnos en qué medida existe, en medio de todo esto, un camino para la oración…". Y añade "no podemos pensar que Dios condene a la masa de los pobres, a aquellos a los que ha preferido, a no unirse a Él en el acto de amor de la oración en el deseo de encontrarle".
"Si la pobreza esencial, es decir el despojamiento interior, es verdaderamente un valor evangélico, si es un valor eminente que nos predispone para recibir a Dios, si esto es cierto, es preciso decir que la vida de las pobres gentes, (que sí están acostumbrados a que se les despoje de todo), no debe poner al hombre en una situación desfavorable para la unión con Dios".
René Voillaume va dando indicaciones, que piensa son acordes con la situación:
·         "Es preciso haberse determinado a orar, con la confianza de saber que el Señor está al final del camino". René no habla de una oración de consuelo, no de un camino fácil ni sensible ni de encuentro con Dios en cada instante, sino que siempre se está en camino y que se va hacia Él.
·         "Avanzar derecho por el obscuro camino de la fe, al encuentro del trabajo de Dios por encima de toda imagen, en medio de la noche...". Mª Dolores Aleixandre dice: "Trata de hacer una ruptura en vertical para situarte en tu centro mas profundo y desde ahí, abrirte a la presencia de Dios y hacerte disponible para el..."... bajar en verticalidad...: ¿un ejercicio propio de Nazaret?...en la vida de cada día...
·         establecer un ritmo de vida con tiempos de desierto:
·    con la meta de permitir el control para saber si estamos o no dominados por un engranaje material
·         para poner la mirada sobre nosotros mismos
·         permitir la reflexión sobre las realidades alcanzadas por la fe para profundizarlas
·         insiste en que para aprender a orar, es preciso sencillamente orar, orar mucho, y saber volver a comenzar a orar indefinidamente, sin cansarse, aunque no percibamos ningún resultado aparente. "Si Jesús insistió tanto acerca de la perseverancia fue, evidentemente porque sabía que nos sería muy difícil".
No vamos a recorrer todo lo que va describiendo J.Mª Recondo, pero sí que salta a la vista que con lo que manifestó R. V. en sus escritos se trataba de un nuevo camino de contemplación y una llamada a adentrarse en nuevos caminos con otras expresiones de esta contemplación, indicando como medios privilegiados el seguimiento de Jesús, paso a paso, muy directamente, por ser él camino de unión al Padre, y el llegar a Jesús por la eucaristía, y la meditación del Evangelio, palabra de Dios y misterio eucarístico.
Con el tiempo y el recorrido de vida de las fraternidades, hay una experiencia que se va modelando, con todo el enriquecimiento que han supuesto el acercamiento del estudio exegético que nos ha acercado más a la persona de Jesús, a la situación histórica en la cual el evangelio se ha formulado, y el impacto de su mensaje, y un conocimiento mayor del "estilo" de Jesús.
No hay duda tampoco que los interrogantes del hombre de hoy respecto a lo religioso (con la secularización), a la fe y a la vida de fe, a sus compromisos en el mundo actual, nos obligan, y nos invitan a mirar nuestro estilo de oración, para cuestionarnos y ver lo que podríamos cambiar, modificar, intensificar, abriendo caminos algo más creativos, y en consonancia con lo que es el modelo de vida que llamamos Nazaret.
Lo que Mª Dolores nos comunicó en la asamblea sobre la Eucaristía nos ha podido aportar elementos para cuestionar nuestra manera de celebrarla, y nos ha indicado un camino y un estilo para cuestionarnos.
 Ramon Dubrez

21/01/04

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